martes, 20 de julio de 2010

ZEUS / JÚPITER


Zeus, el rey del Universo, era hijo de Cronos y Rea. La antigüedad clásica lo consideraba soberano de todos los dioses y hombres, encarnando el poder de la luz, del cielo y del rayo. Mantenía el orden y la justicia en el mundo y era dispensador de bienes y males.
Este dios arrebató el poder a su padre. Cronos había sido advertido por el oráculo de que uno de sus hijos le destronaría, por tal motivo los iba devorando conforme nacían.
Sin embargo, Rea lo engañó con su sexto hijo, haciéndole devorar una piedra envuenta en pañales. Zeus, además de salvar su vida, creció sano bajo los cuidados de la ninfa Amaltea, (que además de amamantarle, con las gotas de su leche creó la Vía Láctea) y los Curetes, hombrecillos que hacían ruido para que no se escuchasen los llantos del niño, ya que podían alertar a su padre.
Cuando alcanzó la edad adulta, quiso destronar a Cronos por lo que había hecho a sus hermanos. con la colaboración de Metis (la Prudencia) dio un brebaje a Cronos, y éste vomitó a todos sus hijos. Diez años duró la lucha de Zeus y sus hermanos contra Cronos, al que ayudaron los Titanes. Cuando se les venció, fueron expulsados del cielo y encerrados en el Tártaro.
Del Tártaro, Zeus rescató a los cíclopes, esos monstruos de un sólo ojo, que habían sido encerrados allí por Urano. Éstos, en agradecimiento, le regalaron el trueno y el rayo y tras la victoria, los dioses echaron a suertes el poder:
· A Zeus le correspondió el cielo y la preeminencia sobre el Universo.
· A Poseidón el mar.
· A Hades el mundo subterráneo.
En su honor, se celebraban cada cuatro año los Juegos Olímpicos, que tenían lugar en el Santuario de Olimpia. Homero lo califica como “rey de los dioses y de los hombres”, “amontonador de nubes” y “portador de la égida” por eso sus atributos eran el rayo, el águila y el cetro de poder.

En la mayoría de las tradiciones aparece casado con Hera, aunque en el oráculo de Dódona su esposa era Dione, con quien según la Ilíada fue padre de Afrodita. Es conocido por sus numerosas aventuras y amantes, fruto de las cuales fueron muchas deidades y héroes, incluyendo Atenea, Apolo y Artemisa, Hermes, Perséfone, Dioniso, Perseo, Heracles, Helena, Minos y las Musas. Con Hera suele decirse que fue padre de Ares, Hebe, Ilitía, Eris y Hefesto.

Entre los amores de Zeus encontramos uniones divinas, y humanas; en todas ellas derrama el dios su divina simiente, por lo tanto de todas obtuvo descendencia.

Siempre elegante, siente que presentarse ante la amada en todo su esplendor repartiendo rayos y tempestades es una total grosería, por eso no repara en adoptar las formas que más divinas le parecen para acercarse a sus amadas: lluvia de oro, un cisne, un toro blanco, un falso sátiro, un marido ausente o una serpiente, todo es “lo más divino”. Cuando el dios desciende del Olimpo para honrar a una mujer, lo hace sin muestras de su poder, prefiere exponerse a Eros sin armas, Zeus se abandona a sus fuerzas.
Zeus era Luz, Cielo, y Rayo, pero la evolución histórica hizo que los dioses fueran dejando de lado su significado cósmico. Homero lo presenta en la plenitud de su reinado sobre dioses y mortales; simboliza en su soberanía la energía de las tormentas, la lluvia, el rayo, pero al mismo tiempo como supremo soberano de dioses y hombres personifica, el equilibrio y la armonía, el orden y la justicia.

Zeus se casó en tres ocasiones, la primera de ellas fue Metis, hija de Océano. Pero ocurría que la doncella no quería ceder a los requerimientos de su divino cónyuge. Así para escapar del dios, tomo muchas formas distintas. En uno de estos cambios, Metis logra escapar en el momento en que Zeus estaba a punto de honrarla con su simiente. Justo en ese instante, Metis se separa del dios y el esperma divino se derrama en el espacio, donde conforma “la Vía Láctea”.

Finalmente el dios salió airoso, amó a Metis y ésta, tal como debe ser, quedó embarazada… Y aquí comienza a tejerse la trama de la leyenda dorada: Gea, la abuela de Zeus, le advirtió que sí Metis paría una hija mujer, luego engendraría un hijo varón que lo destronaría. Así, al mayor estilo de su padre Cronos, Zeus se tragó a su esposa.

Metis, poseía la capacidad de transformarse en cualquier cosa. También simboliza la prudencia y, en el mal sentido, la perfidia. También la astucia. La capacidad de anticiparse a lo que sucederá, con la sola virtud del pensamiento. Y es sobre todo la dudosa capacidad femenina para elucubrar en la soledad de la mente…

Una versión nos cuenta que ante la advertencia de Gea, Zeus decidió engañar a Metis para tragársela. Conociendo la capacidad de ésta para metamorfosearse, comienzó a desafiarla con un interrogatorio sobre cuantas formas puede tomar:

-¿Puedes convertirte en una gota de agua?- Preguntó el dios.

-Por supuesto – respondió Metis airada

-¡Demuéstralo!- Desafió Zeus

Y en el momento en que su esposa se transformó en una gota de agua Zeus se la tragó. Tener a Metis era incorporar esa astucia que le permite desbaratar de antemano los planes del enemigo y triunfar sobre él.

Metis se encontró entonces en el vientre de su esposo. Zeus aulló de dolor, la cabeza se hinchó como el vientre. Prometeo, o Hefestos según otros, se acercó a ayudarlo y, ante la orden de Zeus, partió su cráneo de un hachazo, del cual salió una muchacha. Había nacido Atenea, hija de Metis y Zeus.

También cuenta la historia que, llegado el momento del parto, Zeus ,con un fuerte grito que sacudió la tierra, encrespó el mar e hizo temblar a las montañas. Nació, pues, una niña armada de la cabeza a los pies, casco, lanza, escudo y coraza, de oro para algunos y de bronce para otros. Atenea la diosa de la inteligencia estaba en el mundo. Desde este momento toda la astucia se concentró en Zeus. Quedó resuelto el orden cósmico al devorar a su esposa, la tan deseada Metis, Zeus la incorpora. Ahora más que nunca es el dios absoluto, un soberano lleno de prudencia.

Nuevamente, Zeus busca esposa y encuentra a Temis, una hija de Urano y Gea, por ende, su tía. Temis personifica la ley. Y con ella tuvo varios hijos, a saber: Las Horas, que tienen una doble faz, como diosas cósmicas y como diosas del orden que presiden el orden social, y las Moiras, (los hados), que son los agentes del destino.

Esta boda de Zeus representa la encarnación del orden eterno. La Ley. Todo lo cual tiene un valor simbólico: Zeus, el dios omnipotente, puede estar sometido a los destinos, a la ley cósmica.

Y en tanto éste orden cósmico se iba consolidando, Zeus tuvo tiempo para amar a Mnemosine, con quien en nueve noches de amor concibió a las nueve musas.

Hasta que finalemente se desposó con su hermana Hera.

POSEIDÓN / NEPTUNO



Poseidón era el dios del mar, de los lagos (no de los ríos, ya que cada uno de ellos
tenía su propio dios) y de los terremotos. Además, tenía poder sobre las olas, podía desatar las peores tempestades y si quería, hacía brotar manantiales con un sólo golpe de tridente. Se le consideraba también dios de los caballos, que tenía incorporados a su séquito marino.
Era, como los demás, hijo de Cronos y Rea pero se dice que fue criado por Céfira, una hija del Océano.

Uno de sus mitos más conocidos fue el del enfrentamiento con la diosa Atenea, al
querer ser los dos protectores de la ciudad de Atenas y querer para sí el culto de ella. Poseidón hizo brotar un mar en la cima de la Acrópolis para ganarse el favor de los atenienses, mientras que Atenea plantó un olivo. Con el fin de poder elegir el mejor obsequio, Zeus nombró a Cécrope y Cránao como jueces, y ambos dieron la victoria a Atenea. La cólera del dios supuso la inundación de la llanura de Eleusis y ésta no se aplacó hasta que se les retiró el voto a las mujeres y se construyó en la Acrópolis el templo de Poseidón Erecteo.

Su atributo más importante era el tridente, arma de los pescadores de atún, e iba
siempre montado en un carro tirado por animales monstruosos mitad caballo y mitad serpiente.
En su séquito también nadaban nereidas y oceánidas, además de tritones, que hacían sonar sus conchas con un sonido que podía propagarse hasta los confines del mundo. Como era el dios de las aguas, su imagen se repite en numerosas fuentes renacentistas y barrocas.
En su honor, se celebraban los Juegos Ístmicos de Corinto. También se le construyó
el famoso templo del Cabo Sunio, que desde una amplia extensión, dominaba las vistas del mar Egeo.
Poseidón era un importante dios municipal de varias ciudades: en Atenas, era el segundo en importancia por detrás solo de Atenea, mientras en Corinto y en muchas ciudades de la Magna Grecia era el dios jefe de la polis.

En su aspecto benigno, Poseidón se concebía creando nuevas islas y ofreciendo mares en calma. Cuando se enfadaba o era ignorado, hendía el suelo con su tridente y provocaba manantiales caóticos, terremotos, hundimientos y naufragios.Poseidon era el dios de los caballos, ya que se convertía en caballo para seducir a las mujeres, la deidad del mar y la de los caballos se unieron para crear un sacrificio nuevo en el cual los marineros oraban a Poseidón para tener un viaje seguro, ahogando caballos como sacrificio.

Su esposa era Anfítrite, una ninfa y antigua diosa del mar, hija de Nereo y Doris. Poseidón fue padre de muchos héroes, entre ellos el afamado Teseo.

Una mujer mortal llamada Tiro estaba casada con Creteo (con quien tenía un hijo, Aesón) pero amaba a Enipeo, un dios-río. Tiro perseguía a Enipeo, que rehuía sus avances. Un día Poseidón, lleno de deseo hacia Tiro, se disfrazó como Enipeo y de su unión con ella nacieron los héroes Pelias y Neleo. Poseidón también tuvo una aventura con Álope, su nieta por Cerción, de la que nació el héroe ático Hipotoonte. Cerción enterró viva a su hija pero Poseidón la convirtió en una fuente cerca de Eleusis.

Poseidón rescató a Amimone de un sátiro lujurioso y entonces tuvo un hijo con ella, Nauplio. Tras violar a Cene, Poseidón le concedió el deseo de convertirse en hombre.

No todos los hijos de Poseidón fueron humanos. En un mito arcaico, Poseidón persiguió una vez a Deméter. Ésta rechazó sus avances, transformándose en una yegua para poder esconderse en un rebaño de caballos, pero Poseidón advirtió el engaño, se convirtió en un semental y la raptó. El hijo de ambos fue un caballo, Arión, que tenía el don de la palabra. Poseidón también violó a Medusa en el suelo de un templo consagrado a Atenea. Medusa fue entonces transformada en un monstruo por ésta. Cuando más tarde fue decapitada por Perseo, Crisaor y Pegaso emergieron de su cuello. Otros descendientes de Poseidón fueron Tritón, el cíclope Polifemo y los Alóadas.

Según Pausanias, Poseidón fue uno de los guardianes del oráculo de Delfos antes de que el olímpico Apolo le sustituyese. Apolo y Poseidón colaboraban estrechamente en muchos ámbitos: en la colonización, por ejemplo, Apolo Délfico daba la autorización para partir y asentarse, mientras Poseidón cuidaba de los colonizadores en su viaje y proporcionaba el agua purificadora para el sacrificio fundacional.

HADES / PLUTÓN



Hades, hijo de Cronos y Rea, era considerado por los griegos como el dios de los
muertos. El señor del mundo subterráneo, de los Infiernos o del Tártaro, donde reinaba en solitario. Raras veces acudía a reunirse con el resto de los dioses en el Olimpo. Lo tachaban como un amo despiadado y cruel, que no permitía a quien entraba en su morada, volver al mundo de los vivos.

Para cumplir su tarea le ayudaban demonios y genios como Caronte, que era el barquero que conducía las almas al Infierno.
Los fallecidos entraban al inframundo cruzando el río Aqueronte, porteados por Caronte, quien cobraba por el pasaje un óbolo, pequeña moneda que ponían bajo la lengua del difunto sus piadosos familiares. Los indigentes y los que no tenían amigos ni familias se reunían para siempre en la orilla cercana. El otro lado del río era vigilado por Cerbero, el perro de tres cabezas derrotado por Heracles (Hércules para los romanos). Más allá de Cerbero, las sombras de los difuntos entraban en la tierra de los muertos para ser juzgadas.

A su lado, la mitad del año estaba, Perséfone, también cruel en el Infierno. Apenas protagonizó más mitos que el del rapto de la hija de Deméter y la lucha contra el héroe Hércules cuando éste quiso entrar en el Infierno.

Aunque era un olímpico, pasaba la mayor parte del tiempo en su oscuro reino. Temido y odiado, Hades personificaba la inexorable finalidad de la muerte: «¿Por qué odiamos a Hades más que a cualquier dios, si no es por ser tan adamantino e inflexible?», se preguntaba retóricamente Agamenón. No era, sin embargo, un dios malvado, pues aunque era severo, cruel y despiadado, era no obstante justo. Hades gobernaba el Inframundo y por ello era con mucha frecuencia asociado con la muerte y temido por los hombres, pero no era la Muerte: la personificación real de ésta era Tánatos.

Cuando los griegos apaciguaban a Hades, golpeaban sus manos con fuerza contra el suelo para asegurarse de que pudiera oírles. Animales negros, como ovejas, le eran sacrificados, y se cree que en algún momento incluso se le ofrecieron sacrificios humanos. La sangre de los sacrificios a Hades goteaba a un pozo para que pudiera llegar a él. La persona que ofrecía el sacrificio tenía que apartar su cara. Cada cien años se celebraban festivales en su honor, llamados los Juegos Seculares.

El arma de Hades era un cetro de dos puntas, que usaba para destrozar todo lo que se cruzase por su camino o no fuera de su agrado, igual que Poseidón hacía con su tridente. Esta enseña de su poder era un bastón con el que conducía las almas de los muertos hasta el mundo inferior.

Sus pertenencias identificativas incluían un famoso casco, que le dieron los Cíclopes y que hacía invisible a cualquiera que lo llevase (de ahí su nombre “el Invisible” que casi nunca se pronunciaba para evitar su cólera). Se sabía que a veces Hades prestaba su casco de la invisibilidad tanto a dioses como a hombres (como a Perseo). Su carro oscuro, tirado por cuatro caballos negros como el carbón, siempre resultaba impresionante y pavoroso. Sus otros atributos ordinarios eran el narciso y el ciprés, la Llave del Hades y Cerbero, el perro de múltiples cabezas. Se sentaba en un trono de ébano.

Como es lógico, no se le solía rendir culto. Ni se construían templos o santuarios en su honor.

HERA / JUNO




Hera fue la hija mayor de Cronos y Rea. Era hermana de Zeus y a la vez su tercera esposa. Considerada mujer legítima de éste, ambos contrajeron nupcias, según la mitología, en el monte Ida en Frigia, y desde entonces en Grecia abundaron las celebraciones para conmemorar la unión de los dos dioses (también hay otras versiones que luego comentaré).

El amor de Zeus y Hera distaba mucho en el tiempo, antes de la boda. Se habían unido en secreto, cuando su padre Cronos aún reinaba. Según Homero, estos dos niños no tardaron en descubrir el amor clandestino, “se unieron en el lecho a espaldas de sus padres”, que dicho sea de paso, también eran hermanos. Zeus hizo el amor con Hera durante 300 años antes de la boda formal. Su lecho oculto era el río Imbraso. Sin fatigarse jamás, el mundo les era ajeno. Zeus aún no lo gobernaba durante esta desaforada infancia amorosa, tal vez fue el único momento de la relación en que Zeus le fue fiel. La boda sagrada se celebró, según algunos, en el“ Jardín de las Hespérides”, el lugar de la eterna primavera. Pero según Homero se celebraron en la cumbre del Ida o bien en la cumbre del Gargaro. Según la costumbre del dios, duraron nueve días con sus noches. La tierra hizo crecer para la ocasión un tapiz de flores espeso y blando que los elevó del piso, un lecho artificial que fue rodeado por una nube dorada para preservar la unión de los ojos ajenos.

Hera preside sobre los correctos preparativos del matrimonio y es el arquetipo de la unión en el lecho nupcial, pero no destaca como madre. Los legítimos descendientes de su unión con Zeus son Ares (dios de la guerra), Hebe (diosa de la juventud), Eris (diosa de la discordia) e Ilitía (diosa de los partos). Hera estaba celosa de que Zeus alumbrase a Atenea sin recurrir a ella (en realidad con Metis), así que engendró a Hefesto sin él. Hera estuvo entonces disgustada con la fealdad de Hefesto y lo expulsó del Olimpo. Según otra versión alternativa, Hera dio a luz sola a todos los hijos normalmente atribuidos a Zeus y a ella juntos, golpeando su mano contra el suelo, un acto solemne para los griegos.

Hefesto se vengó de Hera por haberle rechazado haciendo un trono mágico para ella que, cuando se sentó, no le dejaba levantarse de él. Los demás dioses rogaron a Hefesto que volviese al Olimpo para liberarla pero éste se negó repetidamente. Dioniso le emborrachó y le llevó de vuelta al Olimpo a lomos de una mula. Hefesto liberó a Hera tras recibir a Afrodita por esposa.
Los griegos pensaban que Hera protegía a las mujeres casadas y también al hogar. En Roma además se le veneraba como diosa protectora de la luz y de los partos bajo la denominación de Juno Lucina. (De aquí la derivación del término “alumbrar” o “ dar a luz”).

Su papel en los mitos será, muchas veces, el de una mujer celosa y vengativa ante los continuos romances e hijos ilegítimos de Zeus. Llegó incluso a preparar una conspiración, sin éxito, de todos los dioses contra él, y por este motivo, se le castigó a ser colgada desde el cielo atada con unas pulseras de oro en las muñecas y yunques en los tobillos.
La representaban junto a un pavo real y granadas. Las plumas de esta ave pasaban por ser la imagen de los ojos de Argos y eran a la vez símbolo de fecundidad. Las plantas que le estaban consagradas eran la granada, el lirio.

lunes, 19 de julio de 2010

DÉMETER / CERES




Era la diosa maternal de la tierra, hija de Cronos y Rea. Se le consideraba la divinidad de los cultivos, ya que velaba por las cosechas, especialmente las de cereales, como el trigo (sus mitos se desarrollaban en las regiones donde éste crecía) También protegía con su poder ciertos frutales como el olivo y la higuera, principales cultivos de Grecia.
Acosada por Zeus, se transformó en vaca para intentar huir de él, pero Zeus adoptó la forma de toro y la violó. De ahí nació su única hija Perséfone.

Su triste historia gira entorno al rapto de su hija Perséfone. Ésta se encontraba un día recogiendo narcisos en la isla de Sicilia cuando Hades, el señor de las tinieblas, la vio y se enamoró locamente de ella. Sin pensarlo, hizo que la tierra se abriese donde se encontraba la joven y se la llevó a los Infiernos.

Desde ese momento, Démeter inició una larga búsqueda para recuperar a su hija, pero sin éxito. Cansada, abandonó sus funciones divinas y los campos y cosechas se secaron, se volvieron estériles y llegó el hambre. Ya iremos viendo cómo en muchas situaciones ha de llegar Zeus a poner un poco de orden. El padre de todos los dioses decidió que Perséfone viviese seis meses en la Tierra con su madre y otros seis meses en el Infierno con Hades. No pudo rescatarla del todo porque la joven había comido de una granada, y los que comían en el Infierno estaban condenados a no regresar nunca más al mundo de los vivos.

La mitología narra que durante su búsqueda, Démeter descansó en Eleusis (lugar cercano a Atenas) y allí se levantó en su honor el Santuario de Telesterion. En él tenían lugar, durante el mes de septiembre, ciertos misterios, llamados Misterios Eleusianos, que no podían revelarse bajo pena de muerte y en los que se prometía a los fieles la felicidad de ultratumba. El gran dramaturgo Esquilo, estuvo a punto de ser condenado, al creerse que mostraba parte de las ceremonias en una de sus obras teatrales.
Durante el primer día en Eleusis, los efebos (mancebos adolescentes) recogían los objetos sagrados del templo de Démeter. Después, partían en procesión hasta Atenas para depositarlos en el Eleusino, al pie de la Acrópolis. Al día siguiente, el sacerdote supremo convocaba a los fieles para purificarse en el mar, se sacrificaban cerdos y de nuevo se regresaba a Eleusis.
Los rituales se realizaban de noche. Los fieles se coronaban con mirto, se lavaban las manos, escuchaban los preceptos de Démeter, y, después de comer, en el interior del templo, se representaba el rapto de Perséfone. La figura de la diosa presidía el ritual hábilmente enfocada con una luz misteriosa. El privilegio de ser porta-antorchas en esta celebración, se reservaba a las mejores familias de la ciudad. Al terminar la ceremonia todos los presentes se dedicaban a la música, al baile y al placer.
El trasfondo de este mito es el renacer de la vida tras la muerte, la llegada de la primavera con la liberación de Perséfone y del invierno cuando ésta bajaba a los Infiernos. Los cultos mistéricos se celebraron en secreto hasta el siglo IV d. de C. (Fecha en la que los visigodos destruyeron Eleusis).

HESTIA / VESPA


Era la primogénita de los titanes Crono y Rea, y la primera en ser devorada por su padre al nacer. Tras la guerra contra los Titanes, Hestia fue cortejada por Poseidón y por Apolo, pero juró sobre la cabeza de Zeus que permanecería siempre virgen, a lo que el rey de los dioses correspondió cediéndole los lugares preeminentes de todas las casas y la primera víctima de todos los sacrificios públicos, por evitar con su negativa una primera disputa entre los dioses.

Como diosa del hogar y la familia, Hestia apenas salía del Olimpo, y nunca se inmiscuía en las disputas de los dioses y los hombres, por lo que paradójicamente pocas veces aparece en los relatos mitológicos a pesar de ser una de las principales diosas de la religión griega y, posteriormente, romana. Muestra de esta importancia es el hecho de que Hestia era la primera a quien se le hacían las ofrendas en los banquetes, antes incluso que a Zeus. Se le solían sacrificar terneras de menos de un año, aludiendo a su virginidad.

Ovidio narra una escena en la que Príapo, borracho, había intentado violar a Hestia en una fiesta a la que habían acudido todos los dioses y tras la cual se habían quedado dormidos. El rebuzno del asno de Sileno despertó a la diosa justo cuando su agresor se abalanzaba sobre ella, dándole el tiempo suficiente para huir despavorida originando una situación bastante cómica. Sin embargo, es posible que esta historia sea una deformación latina posterior de una escena protagonizada por la ninfa Lotis.

La escena también cuenta que en lugar de ser Hestia quien escapaba, fue Príapo, ya que al despertar la diosa, le empezó a gritar y él huyó. Este hecho provocó que el asno fuese su animal favorito y en sus festividades, estos animales eran engalanados con guirnaldas.

Cuando Dionisos entra en el Olimpo, Hestia cede su puesto en el consejo de los doce dioses, para así fortalecer su categoría de dios olímpico, mientras ella se dedica por completo al cuidado del fuego sagrado del Olimpo. Según los himnos homéricos, su mansión estaba ubicada en la parte más alta del Olimpo.

Fue una diosa muy importante para el culto romano. Su templo era circular y estaba levantado en el Foro. En él, ardía constantemente el fuego de la ciudad, símbolo de la prosperidad del Estado y que nunca debía apagarse por el bien del mismo.

La vida recluida al servicio de un dios no es algo que parta del cristianismo, ni de los conventos medievales. Éstas, eran jóvenes consagradas al servicio de Vesta en Roma. Tenían una interesante y a veces cruel historia. No era nada fácil para una joven romana llegar a ser una vestal. Debían ser niñas entre seis y diez años y pertenecer a una clase social libre. Además no podían tener ningún defecto físico. Las elegían los reyes y pontífices y al ser aceptadas se les cortaba el cabello y las vestían con una gran túnica blanca y diversos tipos de velos.
En cuanto se emancipaban de la tutela paterna, se sometían al control del Pontífice Máximo que las podía condenar a ser enterradas vivas si incumplían sus deberes (especialmente el del voto de castidad) Como hemos visto, debían cuidar que ardiese el fuego eterno del templo de Vesta porque éste era el símbolo del porvenir del Imperio. Si alguna vez se extinguía recibían grandes palizas y todo el pueblo era preso del pánico. Entonces, los sacerdotes reavivaban nuevamente el fuego usando directamente los rayos del sol.
Las jóvenes debían guardar total celibato. Las adúlteras o los hombres que mantuviesen una relación con ellas eran castigados con la pena de muerte. Además, no era una muerte dulce porque realizaban espantosas ceremonias recordando a las divinidades más malignas, y eran después condenadas a bajar a su propia tumba. Allí se les encerraba hasta su muerte con una lamparilla y un poco de aceite, pan, agua y leche.
En contraposición, las que cumplían con su deber, eran colmadas de honores. Todos los magistrados y gentes de menor posición social debían cederles el paso. Su palabra era digna de crédito por sí sola en los juicios, y si se encontraba por la calle a un reo, sólo con afirmar que el encuentro era fortuito, éste quedaba en libertad. Además les eran confiados todos los secretos de Estado y se les reservaban los mejores sitios en el circo. Junto a esto, cualquier gasto que hiciesen era responsabilidad del Estado de por vida.
Generalmente tras pasar treinta años dedicadas a honrar a la diosa, podían abandonar sus funciones y casarse pero tenían perdida su juventud y la mayoría asumían las funciones de cuidado de las novicias.

REA / CIBELES



Rea, una Titánida, era la hermana y esposa de Cronos. Diosa que nació de la relación que mantenían Gea y Urano, es decir, los dioses de la Tierra y el Cielo, respectivamente. Cuando tuvo edad, Rea se casó con su hermano Cronos, aunque no podría decirse que felizmente ya que, desde que nació su primer hijo, el poderoso dios decide devorar a todos sus descendientes para evitar un Oráculo que le anunciaba que uno de ellos le arrebataría su poder. Rea y Cronos tuvieron a Zeus, Poseidón, Hades, Hera, Deméter y Hestia. Sólo Zeus se salvó de morir nada más nacer a manos de su padre, gracias a la astucia de su madre. Ésta entregó una piedra envuelta en pañales al cruel Cronos que, sin miramiento alguno, la engulló en un abrir y cerrar de ojos.

Mientras, el niño fue puesto en manos de las ninfas que moraban en los montes de Creta, quienes lo ocultaron en una escondida gruta. Allí, lo cuidaron y amamantaron con leche de una famosa cabra de nombre Amaltea y lo protegieron hasta la edad adulta. Para que el llanto del pequeño no fuera nunca oído por el temible Cronos, los fieles sacerdotes de Rea, llamados "coribantes", tenían encomendada la delicada misión de hacer sonar cascabeles, tambores y címbalos, con cierta regularidad y, al propio tiempo, entrechocar sus escudos de metal. Hacían tal ruido que evitaban que se oyeran los potentes lloros de un niño tan especial como Zeus.

En cuanto el bebé creció se dispuso a salvar a sus hermanos para, a continuación, enfrentarse a su padre. Abandonó las montañas en donde había sido, hasta entonces, feliz; y fue a pedir ayuda a Metis, porque era célebre por su astucia y sabiduría. Curiosamente, cabe decir que ella será más adelante la primera esposa de Zeus. El caso es que, por el momento, lo que consigue el joven es que Metis le dé una pócima para el temible Cronos. Este titán, nada más ingerirla, fue presa de compulsivos vómitos y, así, pronto expulsó de su abultado vientre a todos los hijos que había engullido, entre los que también se encontraba la piedra que usó Rea para salvar a Zeus.
Hesíodo lo explica en su obra "Teogonía", de la siguiente manera: "Entre tanto, el joven dios se criaba rápidamente; su fuerza crecía al mismo tiempo que su valor. Cuando fue preciso, sorprendido por la astucia de Metis, vencido por el brazo y poder de su hijo, el taimado Cronos volvió a la luz a los hijos salidos de su sangre que había tragado y, ante todo, la piedra engullida tras ellos, Zeus la fijó en la tierra, en la divina Pito, al pie del Parnaso, para que fuese un día, ante los ojos de los mortales, el monumento que proclamase sus maravillas".

Cuando ya los hermanos se hallaron a salvo, Zeus les propuso luchar contra su propio padre, al que vencerían al cabo de diez años de cruentos combates. Con esta lucha entre padres e hijos, se ponía fin a la denominada "Edad de Oro" y comenzaba el reinado del dios de los dioses, es decir, de Zeus.

Una de las historias más interesantes de esta diosa (ajena al mundo del deporte) es narrada en la mitología clásica. Hablamos de su relación con Atis, un pastor frigio por el que Rea tenía especial benevolencia. Tanto confiaba la diosa en el joven que le encargó el control de su culto bajo la promesa de que jamás se casaría. Pero el caprichoso destino hizo que Atis se casase con la joven Sangaride.
Nada podía ser peor para un mortal que el hecho de desobedecer a una diosa. Rea, enfurecida, le castigó con la muerte de su amada y además aplicó sobre él un conjuro que le obligaba a moverse sin parar y autolesionarse con frenesí.
Pero una vez, mientras se movía, el pastor estuvo a punto de clavarse la espada que llevaba. Este hecho conmovió finalmente a Rea, quien lo convirtió en un pino. Desde ese momento este tipo de árbol le fue consagrado y permanece muy quieto. En honor a la diosa y también al pastor tenían lugar en Grecia importantes cultos y celebraciones.