sábado, 1 de enero de 2011

ANTEROS





Antero, hermano gemelo de Eros, era el dios griego del amor correspondido y según otras leyendas el vengador del amor despreciado o no correspondido...

Era hijo de Ares y Afrodita, y lo usaron para que su hermano Eros jugara, así Anteros fue siempre un segundón.

Primero se llevaron mal, algunos hablaron hasta de relación amorosa entre ambos dioses hermanos. Pero, al final Anteros decidió aliarse con su hermano en su misión divina y castigaba a los que no correspondían al amor de otros.


Una de las parejas homosexuales más famosas de la época, Meles y Timágoras, protagonizaron las artimañas de Anteros. Meles era un joven ateniense de quien un extranjero llamado Timágoras se enamoró. Pero Meles lo despreciaba y lo obligaba a soportar sus caprichos y al final le pidió que se arrojase desde lo alto de la Acrópolis para demostrarle aún más su amor. Meles, al ver lo que había conseguido, también se tiró desde lo alto.

Metis levantó un altar a Anteros, en Atenas, en conmemoración al amor despreciado de Timágoras.

Anteros suele representarse como un hermoso joven de larga cabellera con alas de mariposas y con flechas y un arco.


Anteros, con Eros, era uno de los anfitriones de los dioses, alados, llamados Erotes, los dioses con alas siempre eran jóvenes del amor, representados generalmente como muchachos con alas en la compañía de Afrodita o de sus diosas acompañantes.

Cupido era representado con la figura de un niño. De hecho, su propia madre, Afrodita, se sorprendió cuando vio que pasaba el tiempo y la criatura no crecía como era de desear. Así que fue hasta el oráculo de Temis para consultarle su problema, y éste le contestó: "El Amor no puede crecer sin Pasión".

Lo cierto es que Afrodita no acabó de entender esa respuesta... Hasta que nació su hijo Anteros, el dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía hasta convertirse en un apuesto joven; pero cuando se separaban, el dios del amor volvía a su forma infantil y seguía con sus travesuras.

jueves, 23 de diciembre de 2010

EL MITO DE EDIPO "EL DEL COMPLEJO"...




Edipo es el protagonista de una de las leyendas más conocidas de la mitología griega después de la Guerra de Troya. La historia tiene su origen en unos poemas épicos que no se han conservado.

Sin embargo, este personaje se hizo célebre sobre todo a través de la Tragedia Clásica. El mito pertenece al Ciclo Tebano y era llamado así porque todas las narraciones del mismo, estaban ligadas a la ciudad de Tebas.

La historia se remonta a Agenor, rey de Tiro. Éste, tenía una hija llamada Europa a la que Zeus raptó y sedujo convirtiéndose en toro blanco. Su padre, desconsolado, envió a sus hijos a buscarla. Uno de ellos, Cadmo, decidió consultar el oráculo de Delfos y allí se le indicó seguir a una vaca blanca que llevaba el signo lunar hasta que cayera agotada, justo en ese lugar debería fundar una ciudad. La vaca blanca le condujo hasta Beocia, donde fundó Tebas.

Instaurando la ciudad, Cadmo y su esposa Armonía envejecieron cediendo el trono a sus hijos. Y así fue como llegamos a Layo, nieto de Cadmo, que por su juventud no pudo subir al trono de Tebas y fue exiliado. Durante su camino encontró refugió en Élide, reinado de Pélope, quien le expulsó por encapricharse de su hijo e iniciarle en la homosexualidad. Pélope, también le maldijo prohibiéndole engendrar hijos, si lo hacía su hijo le mataría y se casaría con su madre.

Cuando Layo creció, consiguió finalmente el trono de Tebas y se casó con Yocasta. Con su matrimonio desobedecía la maldición de Penélope. Las cosas se complican aún más porque su mujer quedó encinta. Al nacer el hijo de ambos, decidieron temerosos abandonar al niño en la montaña. Cuando el niño nació, fue salvado por los pastores de Corinto, y le llamaron Edipo. Su nombre significaba “pies hinchados”, porque la correa que lo tenía atado le había hinchado los tobillos.

La Tragedia comienza cuando Edipo se convirtió en un apuesto joven y descubrió que de niño había sido abandonado. Sin pensarlo, acudió al oráculo de Delfos para descubrir sus orígenes, y tras conocer a sus padres, Layo y Yocasta, emprendió el camino a Tebas.

Durante el trayecto tuvo un altercado con un carruaje y tras un breve enfrentamiento, sin saberlo, mató a su padre y a su auriga (personaje que gobernaba los carruajes en las carreras del Circo).


Al llegar a las puertas de Tebas, Edipo se halló frente a la Esfinge. Un monstruo con busto de mujer y cuerpo de león que mataba a todos los que no acertaban sus enigmas. Tras
proponerle un acertijo, Edipo lo resolvió sin dificultad, y ésta, despechada, se suicidó. Vencida la Esfinge, los tebanos le acogieron como a un salvador, ofreciéndole el trono y la mano de la reina que había quedado viuda y que sin saberlo era su propia madre.

De esta unión incestuosa nacieron Eteocles, Polinices, Antígona e Ismene. Después la peste asoló la ciudad y el oráculo reveló que debía aparecer el asesino que había matado al rey Layo durante uno de sus viajes para que cesara la desgracia sobre Tebas. El nuevo rey, Edipo, decidió investigar el crimen y pronto descubrió que el asesino era él mismo, que sin querer había terminado con la vida de su propio padre.

El final, propio de una de las más célebres Tragedias, terminó con el exilio, la ceguera, y la muerte en Colona de Edipo. Yocasta, su madre y mujer, al conocer la relación que había tenido con su hijo, se suicidó.

lunes, 13 de diciembre de 2010

LA BESTIA POLIFEMO Y LA BELLA GALATEA.




Polifemo era un célebre Cíclope con un sólo ojo en medio de la frente. Vivía en la costa de Sicilia y era hijo de Neptuno y la ninfa Toosa. Como era caníbal, aterrorizaba a todos los que osaban a acercarse a su morada. A pesar de su brutalidad, Polifemo tenía sentimientos y un día se enamoró de la bella nereida Galatea.


Tras un primer encuentro entre ambos, la nereida quedó presa del miedo, mientras el cíclope se propuso ir ablandado su ferocidad para conquistarla. Comenzó a perseguirla desesperadamente, y enseguida descubrió que Galatea amaba a Acis, un joven pastor.

Polifemo, sin pensarlo decidió matarle. Un día, encontró a los amantes en la orilla del mar. Galatea aterrorizada se zambulló en el agua, mientras Acis trató de seguirla. Pero el pastor fue alcanzado por Polifemo quien lo arrojó contra una roca causándole la muerte. Desde ese día, Galatea lloraba a los dioses y les rogaba la inmortalidad de su amado. Éstos, incapaces de cambiar el Destino de las Moiras, sólo pudieron transformarlo en un río que corría cerca del Etna.


Las aventura de este cruel cíclope no terminan aquí, pues en otro mito se narra como un día el héroe Ulises, mientras regresaba a Ítaca, recaló junto a sus hombres en la isla del Cíclope.

Polifemo no tardó en descubrirlos, porque de manera imprudente se adentraron en su cueva para buscar comida. A pesar de que le pidieron hospitalidad arrojó a dos de los compañeros de Ulises contra el suelo aplastándolos y después se alimentó con su carne. El resto de la aterrorizada tripulación no pudo escapar porque una roca, que sólo podía mover la fuerza de un cíclope, tapaba la salida.

Al día siguiente, hubo otras dos nuevas víctimas. Entonces, Ulises, decidió que la situación no se podía prolongar por mucho más tiempo si quería salir con vida de allí. Su ingenio le hizo buscar una estaca de madera que endureció al fuego. Al anochecer, Polifemo regresó de pastorear sus rebaños, devoró vivos a otros dos compañeros del héroe. Mientras, Ulises, le iba ofreciendo escudillas de vino para emborracharlo. Al poco tiempo, cayó rendido de sueño y embriaguez y entonces aprovecharon todos para clavarle la estaca endurecida al fuego en su único ojo.

A día siguiente, el herido Polifemo, sin poder ver donde se ocultaban los hombres de su cueva, movió desesperado la roca que tapaba la entrada para que saliesen los animales y los hombres con ellos, y así mediante el tacto poder capturarlos. Pero Ulises y sus hombres ya habían planeado pegarse al vientre de los carneros más grandes. Bajo sus lomos estaban seguros. El final de la leyenda narra como Polifemo, mientras dejaba escapar a su rebaño, a la vez dejaba libre a la Expedición.

martes, 7 de diciembre de 2010

LA BELLEZA DE ADONIS





Este conocido mito procede de una leyenda Siria. El rey de ese país Tías, tenía una hija llamada Mirra. La cólera de Afrodita llevó a Mirra a cometer incesto, ayudada por su nodriza Hipólita, durante doce noches con su padre. Al enterarse Tías, quiso matarla, y ella avergonzada pidió la protección de los dioses, los cuales compadecidos la convirtieron en el árbol de la mirra.
Al cabo de diez meses la corteza del árbol de la mirra se rompió y de ella salió un niño precioso que recibió de Afrodita el nombre de Adonis. Después, fue entregado por ésta a Perséfone para que lo cuidara.

Cuando Adonis se convirtió en un apuesto joven, las dos diosas quedaron prendadas de su enorme belleza, por lo que muy pronto empezaron las disputas. Zeus quiso zanjar rápidamente el problema, para evitar mayores conflictos, por lo que decidió que Adonis viviera un tercio del año con Afrodita y otro tercio con Perséfone (casi siempre buscaba la misma solución) El resto del año podía vivir dónde y con quien él quisiera. Adonis decidió pasar las dos terceras partes del año con Afrodita.

La muerte del joven fue causada por la herida mortal de un jabalí durante una cacería.
Según la leyenda el accidente lo provocó la cólera de Artemisa. En otras narraciones, su muerte fue provocada por los celos de Ares que amaba a Afrodita, y no quería que Adonis permaneciera con ella casi todo el año.


Desde el momento de su muerte, en Biblo, pasaba un río al que llamaron Adonis.

Todos los años tomaba un tinte rojo el día que se conmemoraba su fallecimiento. Las rosas y las anémonas conmemoraban el trágico suceso, ya que se teñían de rojo por el color de su sangre.
En Siria, cada año se celebraban fiestas en su honor. Instauradas por la diosa Afrodita, varias jóvenes plantaban semillas en lo que se llamaban Jardines de Adonis. Las plantas regadas con agua caliente eran forzadas a nacer y a morir rápidamente como un símbolo de lo que ocurrió con él.

martes, 23 de noviembre de 2010

ORÁCULOS Y SIBILAS


Los oráculos (ya conocemos el de Apolo en Delfos) eran muy frecuentes en Grecia y Roma.

Su origen partía de la curiosidad innata en el ser humano por tratar de predecir el futuro.

Resulta curioso que esto ocurriese de manera tan espectacular en una civilización totalmente inclinada a la razón.

Los griegos vivían purificándose constantemente para recibir respuestas divinas de sacerdotes y sacerdotisas. Para ellos, era preciso saber ver e interpretar cualquier acontecimiento. Éstas predicciones podían clasificarse en dos categorías:

* Las basadas en la interpretación de acontecimientos y señales exteriores, por ejemplo observando el vuelo de ciertas aves.

* Las basadas en lo que decían los oráculos a través de sacerdotes y sacerdotisas. Sus palabras, generalmente pronunciadas bajo los efectos de alucinógenos, creían que eran puestas en sus bocas por los dioses del Olimpo.

En un principio, el origen de los oráculos se situaba en cuevas y cavernas que eran consideradas sagradas. Tenían, por lo general, un entorno misterioso para inspirar miedo y respeto a todos los que se acercaban. Muchas veces se escogían fuentes termales para que exhalaran inquietantes vapores. Los hombres de la Antigüedad creían firmemente que estaban habitadas por los dioses. Después el lugar de culto se trasladó al templo.

Para que los sacerdotes y sacerdotisas interpretasen los oráculos, cuyo lenguaje resultaba incomprensible al resto de los mortales, eran necesarios:

· Un ritual de purificación.
· Una ofrenda de sacrificio.
· El pago de un tributo, al principio en especie y más tarde en dinero.

Los sacrificios eran ofrendas para atraer el favor divino. Con ellos se agradecía a un ser superior los bienes recibidos y a la vez se pedía perdón por las faltas cometidas. Los sacerdotes llevaban a cabo sus celebraciones con gran severidad, vestían impecables ropas blancas y se coronaban con las plantas consagradas al dios al que se le realizaba el sacrificio.

Los animales que iban a ser servidos para honrar al dios o la diosa:

· Si se consagraban a los dioses del Olimpo: debían estar sanos, ser blancos y disponerse en un altar elevado. Siempre se sacrificaban por la mañana.
· Si se consagraban a las divinidades del mundo del Hades: eran, por el contrario, negros. Se disponían en un foso y se sacrificaban durante la noche.

En Roma definían como “víctimas” a los animales grandes a los que solían dorar sus astas y como “hostias” a los pequeños a los que adornaban con lazos y hojas. Una vez más, observamos cuántos cultos celebrados hoy en día, han heredado las formas de las antiguas civilizaciones clásicas.

Entre los oráculos más famosos destacaremos:
El consagrado a Apolo en Delfos
El de Dodona consagrado a Zeus
El de Epidauro, consagrado a Asclepios / Esculapio, el dios de la medicina.
El del héroe Trofonio.

Junto a los sacerdotes y sacerdotisas, también destacaron unas mujeres adivinas denominadas Sibilas.


Inicialmente eran sacerdotisas de Zeus, pero después, también lo fueron de otras divinidades. Varrón mencionó a diez Sibilas poseedoras del don profético: la Sibila de Persia, la de Delfos, la de Libia, Eritrea, Cumas, Samos, Helesponto, Cimerios, Frigia y Tíbur.

La más famosa fue la de Cumas. Vivía en una gruta, que estaba considerada como santuario de Apolo y escribía sus profecías en hojas sueltas.


Así nacieron los conocidos Libros Sibilinos que contenían los destinos de Roma. Los sacerdotes los guardaban celosamente y los consultaban siempre que ocurría alguna fatalidad. En los periodos de crisis, el deseo de conocer el porvenir se hacía aún más vivo. La importancia de éstos libros era tal, que para poder consultarlos se requería un permiso especial del Senado Romano.

lunes, 15 de noviembre de 2010

LAS CINCO EDADES


Para los griegos no todas las épocas, desde el origen del hombre, fueron iguales. Existió un tiempo en el que éstos vivían como los dioses, gozando de una felicidad completa. Esta leyenda relatada por Hesíodo, en “Los trabajos y los días” y por Platón, en “El Político”, nos narra como cinco edades de hombres habitaron la Tierra.
Las tres primeras, y la última, se asociaban a metales como el oro, la plata, el bronce y el hierro. La Edad de Hierro coincidía con la Antigüedad de Grecia y Roma. También hubo una edad, conocida como la raza de los Héroes, que combatieron en las batallas de Troya y Tebas.

Es curioso, Hesíodo mostró interés en enseñarnos que ocurrió con el destino de cada edad. Los hombres de oro y plata se convirtieron tras su muerte en demonios, los de bronce en el pueblo de muertos del Hades y los héroes en objetos de culto por las ciudades. Si aún continúa la Edad de Hierro ¿cuál será nuestro futuro?


EDAD DE ORO
Vivían según Hesíodo "como los dioses en una seguridad profunda, sin penas ni sufrimientos". Compartían todos sus bienes y la Tierra les recompensaba con excelentes cosechas. Platón afirmaba que no levantaban ciudades, ni tenían mujer o hijos, habitaban desnudos sobre la Tierra, sin sufrir el tiempo de las Estaciones, ya que éstas no existían.

EDAD DE PLATA
El hombre se encierra en grutas y también en si mismo. En esta Edad Prometeo regala a los hombres el fuego lo que avivará su mente y mejorará sus condiciones de vida.

EDAD DE BRONCE
El orgullo del hombre le llevará a despreciar a los dioses, por lo que Zeus puso fin a esta edad con un gran diluvio. Sólo se salvan Deucalion y Pirra, que volverán a repoblar la Tierra.


EDAD DE LOS HÉROES
Estos mortales, serán un paréntesis en medio de la catástrofe. Al ser justos y valerosos aproximarán su vida a la de los dioses.

EDAD DE HIERRO
Era la Edad de Griegos y Romanos, una edad conflictiva y vertiginosa, donde se mezclaban el bien y el mal.

viernes, 12 de noviembre de 2010

LA CREACIÓN DEL HOMBRE




Es la segunda historia más conocida dentro del mundo mitológico. Hemos visto cómo los clásicos explicaron el origen del Universo y con él, el de los dioses. También se plantearon una explicación sobre el origen del hombre. Cuestión que en la actualidad no ha terminado de aclararse, aunque sin duda, dista mucho de ser semejante en algo a la explicación que sobre éste tema dieron griegos y romanos.

Llamábamos a la creación de los dioses por la mitología Teogonía. Pues bien, los temas que hablan sobre la creación del hombre reciben el nombre de Antropogonía (del griego “Anthrôpos, es decir, “Hombre” y “Gonos”, “Generación”).

En un principio, existió una parca explicación que no debió ser muy convincente para los clásicos.
Dionisio, el dios del vino, asistió un día a un extraño banquete. Allí, fue asesinado y después devorado por los Titanes. Cuando Zeus se enteró de los hechos, se puso muy furioso y terminó aniquilando a los Titanes. La leyenda decía que de las cenizas de los mismos nacieron los hombres.



Así, tenían una doble descendencia: por un lado, ascendencia criminal (por parte de los Titanes) y por otro lado, ascendencia divina (por parte de Dionisio). Aunque sin duda, el mito más extendido, es que el hombre fue creado por Prometeo.

Hesíodo, nos narra en su Teogonía, que todo comienza en Mekoné, allí tras la separación de los hombres y los dioses; Prometeo hace una partición desigual de una víctima sacrificada, los hombres se llevan la mejor parte, es decir, la carne y vísceras, mientras los dioses sólo tienen derecho a los blancos huesos. Zeus simulará entonces dejarse engañar pero interiormente prepara su castigo, les priva del fuego y de los cereales. Cuando Prometeo roba de nuevo al dios el fuego, Zeus castiga al hombre con la creación de la mujer, Pandora.

Es interesante subrayar que a menudo los mitos distinguían entre la creación del hombre y de la mujer. Hesíodo, por ejemplo, en el mito de Prometeo, no dice nada sobre el proceso de creación del hombre y en cambio sí se detiene detalladamente en el de la mujer. Según él, Zeus ordenó a Hefesto que modelase su bello cuerpo, a Atenea que la vistiese con gusto y enseñase a tejer, a Afrodita que le mostrara los dotes de seducción y a Hermes que le otorgase un corazón engañoso. El nombre de la primera mujer, Pandora, significó “don de todos los dioses”.