Lágrimas. Mis lágrimas parecen fluir de mis ojos cansados y descienden por unas lánguidas mejillas que en otros tiempos gozaron de un brillo que hoy vuelven a anhelar.
Pequeñas perlas que poco a poco confluyen el perfil de un angosto río salado con destino incierto e inhóspito.
Sus aguas son mansas y susurran lentamente palabras tristes, palabras silenciosas, palabras vacías...
Mis ojos se van cerrando, mi cuerpo se relaja y yo me dejo mecer, como si de una chiquilla se tratara, por el suave balanceo del fluir de mis lágrimas.
Una peligrosa calma me tienta, me provoca para olvidar las brillantes perlas de mis mejillas y mi mente alcanza la paz que tanto ansío.
Pero su voz suena escondida en algún rincón de mi ser, aferrado con fuerza a mi corazón y me ordena que abra los ojos, que sea valiente y abandone el fluir de las aguas.
Él seca mis lágrimas y con su mano acaricia suavemente mis mejillas... y sólo me basta este gesto para sonreír con timidez mientras me abandono a sus brazos... (... )...



