Antes de conocer a los héroes más destacados, es necesario destacar los aspectos comunes que presentan entre ellos:
· Casi todos nacen de una unión mixta entre un dios y una mortal. Raras veces, entre una diosa y un mortal, salvo en ejemplos como el de Aquiles, Eneas. Edipo y Ulises, por el contrario, nacieron de la unión de dos mortales.
· Todos reciben culto y pertenecen a una época pasada. Distinguimos dos generaciones: los que perecieron ante los muros de Tebas y los que murieron en Troya.
· Son siempre el punto de partida en la genealogía de una familia ilustre. Por lo tanto, cuánto más importante es el héroe, más incontables se hacen sus descendientes. Lo que ocurrió especialmente con la figura de Hércules.
· Entre sus hazañas, siempre encontramos el capítulo del valiente guerrero que mata a los más fantásticos monstruos. Lo veremos al hablar de Hércules y en Belerofonte. Suelen participar en todas las expediciones y guerras.
· No siempre son buenas sus acciones. Por ejemplo, Edipo cometió el crimen de parricidio e incesto, Orestes y Alcmeón, el de matricidio y Hércules infanticidio al matar a sus hijos en una crisis de locura. Fratricidio, Eteocles y Polinices, y junto a estos, otros crímenes de tipo sexual.
· La mayoría de las heroínas, que también se dan en la mitología clásica, se limitan a traer al mundo a los héroes. Son seducidas por un dios, que a menudo se les manifiesta disfrazado y han de soportar una serie de dificultades antes o después del nacimiento de su hijo. Las heroínas son, más o menos, el reflejo del papel que la sociedad griega otorgaba a las mujeres. Es decir, jóvenes, bellas y buenas, que aceptaban sin ninguna queja el sacrificio. Para ellos, el ideal de perfección femenina se manifestaba en las esposas virtuosas o en las madres sacrificadas.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
jueves, 2 de septiembre de 2010
EROS / CUPIDO


Conocimos a Eros en la Cosmogonía, era quién encarnaba la fuerza espiritual del amor que salió directamente del Caos y actuó como atracción y unión entre Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra). Por tanto, fue el que aseguró la creación del mundo y la cohesión interna del Cosmos.
Más tarde, en la Teogonía, se llamó Eros o Cupido a otro dios, al hijo de Afrodita. Un joven bello y alado que iba acompañado siempre por Hímero (el deseo) y Anteros, su hermano gemelo.
Durante la época helenística, Eros o Cupido, se representaba también, como un travieso niño alado, portando un carcaj de flechas que iba disparando por doquier y que causaba a todas horas el tormento amoroso de los dioses del Olimpo. Las alas, representaban la fugacidad del deseo amoroso. Y las flechas, si eran de oro, aseguraban al que las recibía un amor verdadero. Si por el contrario eran de hierro, el amor sería desafortunado. De este episodio, deriva el famoso término “flechazo” que describe el enamoramiento. A veces, también se le representaba con una venda sobre los ojos, lo que aludía a la dificultad para ver los defectos de la persona amada, o también que el amor no entiende de edad, raza, sexo o religión.
Las representaciones de Eros, como un niño aldado, son una anticipación de los querubines o angelitos que solían acompañar a las imágenes sagradas en la religión cristiana.

Eros, protagonizó junto a la princesa Psique, una de las historias más conocidas dentro de la mitología clásica. El mito comienza narrando cómo los hombres dejaron de frecuentar el templo de Afrodita (la poseedora de la gracia y la belleza) para acudir a contemplar la hermosura de una simple mortal, Psique.
Los mortales no podían estar nunca por encima de los dioses, ya sabemos que por esto podían ser cruelmente castigados. Así, la celosa Afrodita envió a su hijo Eros, para que hiciese que la joven se enamorase de la criatura más despreciable. Sin embargo, Eros se enamoró a simple vista de Psique, y acto seguido impidió a los mortales que también se pudiesen enamorar de ella.
La soledad de Psique. que no tenía ningún pretendiente a pesar de su extraordinaria belleza, hizo que sus padres consultaran el oráculo de Apolo en Delfos. Apolo, confidente de Eros, les anunció que en lo alto de una colina, una serpiente alada y pavorosa, esperaba a su hija para desposarla.
Entre lamentos y para no contradecir las órdenes del oráculo sagrado, la familia de Psique, condujo a la joven hasta allí. En ese momento, Céfiro, el dios del viento, la transportó hasta un magnífico palacio.
Llegada la noche, Eros se acercó a Psique de manera velada y con sus palabras y caricias alejó los temores de la joven. La bella mortal, desde ese momento, y sin verle el rostro, comenzó profesarle un gran amor.
Todo era felicidad entre los dos amantes, hasta que una noche, Eros, le advirtió que sus hermanas lloraban todos los días desconsoladas en la colina donde la habían abandonado.
Compadecido, le dio su consentimiento para que fuese a consolarlas con la condición de que nunca se dejase conmover por sus lágrimas, ni tampoco intentara , a su regreso, verle el rostro.
Psique, convenció a Céfiro para que la llevase al lugar donde se encontraban sus hermanas. Tras un breve encuentro familiar, éstas quedaron consoladas y se despidieron envidiosas de su suerte. Al poco tiempo, todas, planearon visitar el palacio de su hermana para conocer mejor su suerte, pero llevaban en el fondo la intención de despertar la duda y el miedo en ella. En cuanto la vieron le insinuaron que sin ver el rostro de su amado, éste, podría ser un monstruo, tal y como les había confiado el oráculo de Delfos.
Esa noche, Psique preparó una lámpara y un cuchillo afilado. Esperó a que Eros durmiese y le iluminó el rostro. El dios, lejos de ser un monstruo, era un hermoso joven.
Mientras lo miraba, Psique derramó sin querer aceite sobre su cara y Eros, herido y entristecido por la promesa incumplida y la desconfianza, se fue.
Desde ese momento, la princesa vagó por todo el mundo implorando a los dioses encontrar a su amado. Sin embargo, nadie le ayudó. Por el contrario, Afrodita (ya vimos lo celosa que estaba de su belleza) sólo pensaba castigarla. Con la promesa de mostrarle dónde estaba Eros, disponía todo el tiempo para ella, pruebas humillantes. De este modo, Psique, tuvo que separar una gran cantidad de granos de distintos tipos, esquilar unos carneros cuya lana era de oro, traer agua del río Estigia, e incluso ir al Hades a que Perséfone guardase en una caja un poco de su belleza.
Finalmente, y después de tantos trabajos, Psique cayó agotada en un profundo sueño.
Entonces Eros, salió a buscarla. Tras rescatar a la princesa, subió al Olimpo para implorar la ayuda de Zeus, que no sólo concedió la inmortalidad a la joven , sino que también consintió el matrimonio entre ambos. Así, la bella Psique después de beber ambrosía, se convirtió en inmortal y se unió al dios para siempre.
Encontramos relatos muy similares en la literatura contemporánea. El mito alude a la importancia de la confianza en el amado y lo trivial de la belleza física del el mismo.
domingo, 29 de agosto de 2010
LOS GENIOS

Los genios, para los romanos Genii, eran pequeños dioses que acompañaban a los seres humanos a lo largo de la vida. Se pensaba incluso, que de alguna manera regían el comportamiento de las personas y tenían influencias en su destino y su forma de ser. Así, cada mortal tenía un genio distinto.
La misión fundamental del genio, era alargar todo el tiempo posible la vida de la persona a la que estaba ligado, ya que de esta forma, también garantizaba el sostenimiento de su propia vida.
Los hombres podían tener dos genios: uno bueno, que le inclinaba al bien y uno malo, que le inclinaba al mal. Esto nos recuerda a las representaciones del ángel y el demonio que en la actualidad se muestran, para indicarle a una persona si debe tomar el camino correcto o el equivocado y a las que estamos tan acostumbrados.
Los Genios eran adorados como divinidades protectoras y se les debía rendir culto en el aniversario del nacimiento de la persona a la que estuviera ligado. Para ello, se les ofrecían flores, incienso, frutas y sacrificios, aunque nunca se podían realizar sacrificios sangrientos sobre su altar. Los griegos pensaban que podían dotar de capacidades intelectuales especiales a las personas más devotas.

El genio bueno se representaba como un joven alado, con una corona de flores y el cuerno de la abundancia. El malo era un anciano de larga barba y corto pelo que iba acompañado de un búho, símbolo de mal agüero. La forma de serpiente, era a menudo adoptada para representar a los Genios que habitaban en los diferentes poblados. A los femeninos se les llamaba Junos. En Roma, durante Imperio, el genio del Emperador era una potencia terrible, ya que poseía sobre los demás genios un poder superior.
Poco a poco, fueron identificándose con los Manes (dioses benévolos identificados con las almas de los difuntos) y llegaron a considerarse como elementos inmortales en las personas. Los dioses también tenían sus propios genios.
Nos es difícil adivinar, la cantidad de influencias que han ejercido estas creaciones grecorromanas en el mundo actual. Desde la característica representación del “ángel de la guarda” cristiano, hasta las representaciones de las brujas acompañadas de un búho, o los gnomos y belfos de bosques y poblados.
martes, 24 de agosto de 2010
LA TRIBU DE LAS AMAZONAS


Eran un pueblo de mujeres guerreras, descendientes de Ares, El dios de la Guerra, y la ninfa Harmonía, que habitaban según la leyenda en las laderas del Cáucaso. Las gobernaban dos reinas, una se encargaba de la defensa y la otra de la política, ambas eran elegidas periódicamente. En esta sociedad matriarcal (el mando estaba en las mujeres) jamás intervenían los hombres.
Ignoraban los trabajos femeninos. Por el contrario, estaban dedicadas en cuerpo y alma a los trabajos más masculinos. Por aquel entonces eran, la guerra, la agricultura, la cría de animales y la caza. En Homero reciben el epíteto de “antianeirai” lo que podía significar dos cosas: o bien, que estaban a la altura de los hombres, o que eran sus adversarias. Éstos, sólo eran aceptados en la tribu como siervos.
Luchaban para defenderse y también para conquistar territorios, peleando a pie y, sobre todo, a caballo. Según la mitología, ellas fueron las primeras en montar a estos animales y también en usar el hierro. De hecho, muchas de ellas, comenzaban su nombre con la palabra hipo (caballo).
Cabalgaban extraordinariamente bien y se decía, que podían incluso bailar encima de los mismos.
Una vez al año, se unían a hombres para perpetuar la raza. Si al alumbrar a sus hijos, éstos eran varones, normalmente actuaban:
· Mutilándolos, dejándoles ciegos o cojos.
· Devolviéndolos a sus padres.
· Sacrificándolos.
Tan sólo vivían las mujeres. En la pubertad se les cortaba un pecho para que manejasen sin dificultad el arco o la lanza, indispensables para la guerra. El nombre de Amazona significaba “las que no tienen seno”.
Por estar en contra de la encarnación perfecta del mundo griego, en el que el papel de la mujer quedaba siempre eclipsado por el del hombre, las Amazonas se convirtieron en mujeres contra las que había que luchar. De hecho, así lo hicieron casi todos los héroes; Belerofonte, Heracles, Teseo y Aquiles. Resultando siempre vencedores los varones. Sus atuendos, consistían en cortas túnicas abiertas en un lado, por el que exhibían sus atléticas figuras. Llevaban también capas de piel de pantera y armaduras.Creían en la energía mística y sobrenatural y rendían culto a la diosa Artemisa, cazadora y guerrera como ellas.
Existen descubrimientos arqueológicos en Kazajstán y en el sur de Ucrania, que pueden probar la existencia de tribus de mujeres guerreras en la Antiguedad. Se han hallado enterramientos de mujeres acompañadas de armas, lo que hace suponer que participaron en batallas. Tienen los huesos curvados en las piernas, lo que indica que seguramente pasaron la vida montando a caballo. Puntas de flecha junto a los cuerpos desvelan que es muy probable que muriesen luchando.
La conclusión, parece ser, que efectivamente existieron mujeres guerreras en las culturas antiguas. De lo que no hay pruebas, es de que éstas fuesen exactamente la tribu de las Amazonas de las que nos habla la mitología.
En la mitología griega, Hipólita (en griego antiguo Ιππολύτης) es la reina amazona, dueña de un cinturón mágico que le había regalado su padre, Ares, el dios de la guerra.El noveno trabajo de Heracles fue obtener el cinturón, a petición de Admete, la hija de Euristeo. En una versión de la historia, Hipólita se enamoraba de Heracles y le daba el cinturón voluntariamente. De acuerdo con otra Heracles obtenía el cinturón secuestrando a la hermana de Hipólita, Melanipa, y exigiendo el cinturón como rescate, y liberándola tras conseguirlo.
Después de que Heracles obtuviese el cinturón, Teseo, uno de los compañeros de Heracles, secuestra a Antíope, otra hermana de Hipólita. Las amazonas atacan entonces (porque Hera, la enemiga de Heracles, había difundido el malintencionado rumor de que Heracles estaba allí para atacarlas o secuestrar a Hipólita), pero Teseo y Heracles escapan con el cinturón y con Antíope.
Según otra versión, Heracles mata a Hipólita en su huida. Para rescatar a Antíope, las amazonas atacan Atenas pero fracasan, muriendo en algunas versiones Antíope durante el ataque.
En muchas versiones Teseo se casa con Antíope o con Hipólita, teniendo un hijo llamado Hipólito. Teseo terminaría casándose con Fedra, bien tras haber abandonado a su anterior esposa, o tras la muerte de ésta en el parto. En la versión en la que Teseo está casado con Hipólita y la abandona, ésta intenta vengarse llevando a las amazonas a la boda de Teseo y Fedra con la intención de matar a todos, aunque fracasa al ser asesinada, según las versiones, por los hombres de Teseo o por Pentesilea, otra amazona.
viernes, 20 de agosto de 2010
LAS PARCAS / LAS MOIRAS

Después de estudiar la belleza y el esplendor de las nueves musas, las tres gracias y las seis ninfas, el apartado quedaría incompleto si no mencionara a tres damas mucho menos amables.
Me refiero a las Moiras o Parcas, hijas de Nix (encarnación de la Noche) y llamadas Cloto, Laquesis y Atropos.
Éstas, vivían todo el año en el Hades, el mundo de las Sombras, el Infierno y se encargaban de determinar la duración de la vida de cada hombre y el destino que esperaba tanto a los mortales, como a los dioses. Se suponía que las Moiras se aparecían tres noches después del nacimiento de un niño para determinar el curso de su vida. Al principio, asignaban una parte de bien y otra de mal a cada persona, que ésta parte creciese o no, dependía de la actuación en la vida de cada uno.
De hecho, cada humano tenía su moira, es decir, “su parte”. (La palabra moira, proviene del griego “merós”, que quería decir, la parte que le tocaba a cada uno).
Sus órdenes eran inflexibles en el Universo, ni siquiera podían ser modificadas por los dioses.
incluso los dioses temían a las Moiras. Zeus también estaba sujeto a su poder, admitió una vez la sacerdotisa pitia de Delfos
Así pues, en obras como “La Ilíada” o “La Odisea”, vemos como las Moiras, son capaces de impedir que un dios intervenga en una batalla para ayudar a un mortal, si es su destino que muera.
Cloto, la más joven portaba siempre telas e hilos, e hilaba. El oro, la seda y la lana blanca tejían la felicidad, mientras que el cáñamo y la lana negra, tejían la desgracia.
Laquesis enrollaba los hilos de Cloto.
Y Atropos, la más anciana, cortaba con sus tijeras estos hilos, finalizando así la vida de una persona. Esto ocurría cuando ella quería y de improviso.
El mundo del arte no sólo las representaba como ancianas, también era posible verlas como doncellas melancólicas, tejiendo bajo una luz tenue. De este mito deriva la conocida expresión de “el hilo de la vida” , ese soporte frágil que pude romperse en cualquier momento y para el que hay que estar preparados.
Moira, era su denominación en Grecia, en Roma, se llamaban, Parcas. Las últimas también presidían el nacimiento, el matrimonio y la muerte de las personas. Se encontraban esculpidas en el Foro romano y se conocían vulgarmente como “Tria Fata” “Fatum”, que quiere decir, “lo dicho”, lo predicho con anterioridad. De aquí, derivaron términos como fatal y fatalidad, ahora ya podemos entender por qué.
Versiones de las Moiras también existieron en los niveles mitológicos europeos más antiguos. Es difícil separarlas de otras diosas hilanderas del destino indoeuropeas, conocidas como Nornas en la mitología nórdicas, y la diosa báltica Laima y sus dos hermanas. Algunos mitógrafos griegos fueron tan lejos como para afirmar que las Moiras eran las hijas de Zeus, junto con bien Ananké (Necesidad) o, como Hesíodo señala en un pasaje, Temis (la Justicia) o Nix (la Noche). Si darles un padre o no a las Moiras era un síntoma de hasta dónde estaban dispuestos a llegar los mitógrafos griegos, para modificar los antiguos mitos de forma que encajen con el orden patrilineal olímpico, la afirmación no era ciertamente aceptable para Esquilo, Heródoto o Platón.
A pesar de su reputación, las Moiras podían ser adoradas como diosas. Las novias atenienses les ofrecían mechones de pelo y las mujeres juraban por ellas. Pudieron haber tenido su origen como diosas de los nacimientos, adquiriendo solo más tarde su reputación como agentes del destino.
jueves, 19 de agosto de 2010
LAS NINFAS. POSEEDORAS DE LA NATURALEZA.


Las ninfas eran divinidades secundarias, hijas, como las Musas o las Gracias, de Zeus. Poblaban las campiñas y los bosques y encarnaban el espíritu de la Naturaleza. Unas veces, formaban el cortejo de una diosa importante, como en el caso de Artemisa. Y otras, eran compañeras de las musas en sus correrías por los bosques. Vivían en el interior de grutas y su labor era hilar mientras entonaban bellos cantos. En la actualidad, las ninfas, son la evolución de las hadas y belfos que pueblan los bosques, cuyas historias están recogidas en las narraciones literarias más fantásticas.
Las diferentes ninfas y la representación de sus espíritus:
Las Melíades, "Ninfas de los Fresnos": En la mitología griega, las Melias o Melíades eran las ninfas de los fresnos. Fueron engendradas por Gea al ser fertilizada por los genitales de Urano arrojados por Crono. La más importante de las Melias es Melia.
Las Náyades "Ninfas de las Fuentes": En su calidad de ninfas, las náyades son seres femeninos, dotados de gran longevidad pero mortales. La esencia de una náyade estaba vinculada a su masa de agua, de forma que si ésta se secaba, ella moría. Todas las fuentes y manantiales célebres tienen su náyade o su grupo de náyades, normalmente consideradas hermanas, y su leyenda propia. Eran a menudo el objeto de cultos locales arcaicos, adoradas como esenciales para la fertilidad y la vida humana. Los jóvenes que alcanzaban la mayoría de edad dedicaban sus mechones infantiles a la náyade del manantial local. Con frecuencia se atribuía a las náyades virtudes curativas: los enfermos bebían el agua al que estaban asociadas o bien, más raramente, se bañaban en ellas. Era éste el caso de Lerna, donde también se ahogaba ritualmente a animales. Los oráculos podían localizarse junto a antiguas fuentes.

Las Nereidas "Ninfas del Mar": Se las consideraba las ninfas del mar, puesto que vivían en las profundidades del océano; no obstante emergían a la superficie para ayudar a marineros que surcaban los procelosos mares, siendo los argonautas los más famosos entre los que socorrieron mientras viajaban en búsqueda del vellocino de oro. Se aparecen a los hombres del mar montadas en delfines y otros animales marinos. Los griegos las adoraban en altares en las orillas de mares y acantilados, donde se les ofrendaba leche, aceite y miel. Representaban todo aquello que hubiese de hermoso y amable en el mar. Cantaban con voz melodiosa y bailaban alrededor de su padre. Se las representa coronadas por ramas de coral y portando el tridente de Poseidón, de cuyo séquito formaban parte.
Las más importantes eran Tetis (mujer de Peleo y madre de Aquiles), Galatea (amante de Acis y que enamoró al cíclope Polifemo) y Anfítrite (mujer del fabuloso Poseidón).
Las Oréades "Ninfas de la Montaña": Según la mitología griega, las Oréades son las ninfas que custodian y protegen las grutas y las montañas. Una de las oréades más famosas fue Eco que, privada por la diosa Hera, de la facultad de hablar, sólo podía repetir las últimas palabras de lo que se le decía.
Las Alseides "Ninfas de las flores": En la mitología griega se le llama alseides a las ninfas que habitan las flores. Habitando las cañadas y arboledas acostumbraban a asustar a los viajeros que pasaban por sus dominios, todas ellas sienten una profunda fascinación por las plantas y cada una se entrelaza a una eligiéndola como emblema propio. Aunque son ninfas muy florales, y adoran a las plantas también pueden mostrarse entrelazadas a las fuentes otorgando inspiración vinculada a la naturaleza.
Este tipo de ninfas suelen verse identificadas con la imagen típica de las hadas, aunque las alseides muestran una actitud vengativa cuando sus espacios naturales son profanados por humanos. Es muy fácil relacionarlas a las dríades, ya que son ninfas de los bosques y están unidas a los árboles, por su parte las alseides se unen a las plantas, arbustos y flores, no como hogar sino como símbolo.
Según la leyenda Alseide, hija adoptiva de Démeter era la más hermosa de las ninfas, protegió a un Bosque cubierto de amapolas de la furia y los rayos de Zeus. Luego, un arrepentido dios olímpico, al ver su valor y deseo de custodiar las flores premió a la ninfa, dándole este Bosque por siempre.
Las Hamadríades "Ninfas de los Árboles": son las ninfas de los árboles. Son parecidas a las dríades, salvo porque están relacionadas con un único árbol y mueren si éste se corta. Por esta razón, las dríades y los dioses castigaban a los mortales que dañaban a los árboles.
Casi todas ellas, tuvieron gran relevancia en la historia de la mitología y protagonizaron muchas leyendas. Por lo tanto, no es difícil verlas representadas como las esposas de algún dios secundario o héroe. Les gustaba intervenir en la mayoría de los mitos de carácter amoroso, siendo sus amantes los espíritus masculinos de la naturaleza, como por ejemplo los Sátiros. Aunque también algunas de ellas estuvieron unidas a dioses principales como Zeus, Apolo, Dionisio o Ares. Si se unían a algún mortal, solían disfrutar de ellos después de haberlos raptado.
martes, 17 de agosto de 2010
LAS TRES GRACIAS. POSEEDORAS DE LA BELLEZA.


Eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad. Habitualmente se consideran tres, de la menor a la mayor: Aglaya (‘Belleza’), Eufrósine (‘Júbilo’) y Talía (‘Festividades’).
Las Cárites solían ser consideradas hijas de Zeus y Eurínome, aunque también se decía que eran hijas de Hera, de Dioniso, o de Helios y la náyade Egle. Homero escribió que formaban parte del séquito de Afrodita. Las Cárites también estaban asociadas con el inframundo y los misterios eleusinos.
En la sociedad grecorromana representaban la belleza, el hechizo y la alegría. Las tres hermanas, habitaban en el Olimpo en compañía de Afrodita, Eros y las Musas, con las cuales formaban coros y estaban muy relacionadas.
Como integrantes del cortejo de Apolo, se representaban desnudas mientras se cogían por los hombros. Dos de ellas, miraban en una dirección y la del medio, en dirección opuesta.
Solían llevar el pelo mal recogido porque siempre estaban danzando. Es, en la actitud de darse las manos y comenzar a bailar, como más las ha representado el mundo del arte.
Áglae, "La brillante"
Eufrosine " La que alegra el corazón"
Talía "La que hace florecer"
Eufrosine " La que alegra el corazón"
Talía "La que hace florecer"
En los primeros años de la civilización griega se vestían con una fina túnica, pero después siempre se mostraban desnudas. En ocasiones, las acompañaban los sátiros más horribles, como enseñanza de que no se ha de juzgar a las personas por su apariencia física y que los defectos del rostro podían ser corregidos con un buen espíritu.
Todos sabemos que esta historia ha dado pie a muchas páginas de la literatura.
En la mitologia romana y latina las Cárites fuerón identificadas bajo el nombre de Gracias bajo los nombres de Castitas, Pulchritude y Voluptas es decir la la vírgen, la esposa y la amante. De este modo, nos encontramos con dos lecturas opuestas: una tríada compuesta por tres aspectos de un mismo atributo, en el caso griego, y una tríada latina donde están representados tres arquetipos diferentes de mujer.
Las Gracias presidían los banquetes, las danzas y todas las actividades y celebraciones placenteras. Además, regalaban a dioses y mortales la alegría, la elocuencia, la sabiduría y la genialidad necesaria para ser un excepcional artista. Sin ellas, la vida estaría llena de tristeza.
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